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Mexican divas
Braulio Alberto García Pérez
“En otros tiempos, antes de que el Dios Nikon gobernara el mundo, a los artistas japoneses les gustaba pintar los rostros de sus mujeres justo en medio de un éxtasis incandescente. Es decir: en el momento de olvidarse de sí mismas para conectarse con el centro del universo. Cuando una mujer hace de semejante olvido un ritual público, y en ello involucra todas las agravantes de la creación artística, los mortales tendemos a nombrarla diva.
“Diva es la que se conecta y nos conecta. La que nos enamora sin siquiera tocarnos mientras de sus entrañas emerge un minotauro que embiste sin piedad nuestras certezas. La que convierte el aire en niebla espesa o brisa tersa con un sólo aleteo de sus manos. En una época preñada de individualismo y competencia, donde la vida nada más es virtual y las imágenes tiranizan a las ideas, es por lo menos oxigenante que estas divas existan, que estén juntas sin necesidad de ser difuntas y que resulten –ponzoñoso agravante– mexicanas”. (CD Mexican Divas, 1999).
Un gran número de mujeres contemporáneas en México hacen esto. Sin ponerse de acuerdo han invadido la escena cultural por muchos frentes, desde la música regional mexicana hasta el rock, pasando por el blues, jazz, gospel, música antigua, boleros, rancheras, llenando los espacios con creaciones eclécticas, pero con una misma característica: hacen lo que se les da la gana.
La irreverencia y el desparpajo a flor de piel en Astrid Hadad, Regina Orozco y Susana Zabaleta; la antigüedad en los textos interpretados por Jaramar; el regionalismo en las canciones interpretadas por Lila Downs, Susana Harp, Melina Santos; el urbanismo de Betsy Pecanins y Cecilia Toussaint. Nayeli Nesme y su eclecticismo musical, su voz que igual acaricia que desgarra; la variedad de ritmos y géneros interpretados por Eugenia León.
Cita y sus Muñecas Rotas, Jeanette Macari, Liliana Felipe, Carmen Leñero, Rita Guerrero (Santa Sabina), Martha Hernández, Alquimia, Tere Estrada, María Eva Avilés, Mujeres en fuga, Laura Abitia, Iraida Noriega, Magos Herrera, Tania Libertad, Carmina Cannavino, Georgina Meneses, La Negra Graciana, Malena Durán, Margie Bermejo, Emilia Almazán, Margarita Bauche, Adla Cano, Tehua, Angélica Balado, Amparo Ochoa (qepd), Ana Pizarro, Gabriela García, Nidia, Mónica Lara, Leticia Servín, Mary González del Castillo, Ely Guerra, Julieta Marón, Patricia Carrión, Rosina Conde, Isabel III, ¿Cuántas más?
Algo que identifica a estas mujeres de diferente estilo interpretativo y de diferentes géneros musicales es el deseo de expresar sentimientos, necesidades y cualidades interpretativas sin anteponer intereses económicos, sin permitir una imposición mercadológica a su sentir. ¿Quieren vender discos? Por supuesto, pero no al precio de sacrificar las convicciones y las manías propias por las ajenas.
Los Siglos XX y XXI (y quién sabe los siguientes) están marcados por estos seres que sobreponiéndose a una sociedad todavía machista, salen a la luz pública impúdicamente exponiendo su canto, su música, sus poemas.
Es de agradecer que esta cosecha de mujeres apasionadas y comprometidas continúe, que en el camino del individualismo capitalista no sean inhibidas las nuevas camadas de mujeres irreverentes que desafiando los resquicios machistas se dediquen a cantar, a componer, a hacer música, a sentir y expresarlo, a hacerlo público, sin importar mucho qué tanto se gana económicamente.
La irreverencia es mexicana. No puede ser de otra manera. El cabaret es nuestro. La cantina y la pulquería hablan español mexicano con todo y caló. El talento también ha sido generoso con este país, dotando a estas mujeres de la pasión y el compromiso suficientes.
¡Ay! Qué dolor vivir cuando se entrega el alma, dice Astrid Hadad mientras hace cambios de vestuario, con los que igual homenajea a Frida Kahlo que parodia a quien dice: Señor, no puedo dar mis amores, soy virgencita, riego las flores.
Susana Zabaleta canta a la lluvia y relata un asesinato en la calle Amor, se burla mordazmente de la vida y de ella misma y se define Mala como el caldo frío, mala como película checa… mala, mala y argentina, mala como fin de siglo, citando a la che mexicanizada Liliana Felipe.
Completando el trío, Regina Orozco interpreta canciones mexicanas antiguas mientras come naranja con Miguelito y salsa Valentina “productos básicos en la alimentación de los niños mexicanos”, dice al ritmo de Yo sé que nunca besaré tu boca, tu boca de púrpura encendida, yo sé que nunca llegaré a la loca y apasionada fuente de tu vida…
Susana Harp y Lila Downs, oaxaqueñas por nacimiento y por convicción, muestran el hermoso sonido del náhuatl, maya, mixteco, zapoteco, mazateco y hasta el inglés en canciones regionales de Oaxaca, contemporáneas y antiguas. Antenoche fui a tu casa, tres golpes le di al candao, tú no sirves para amores: tienes el sueño pesado, ay, Sandunga.
Dicen que no guardo duelo, Llorona, porque no me ven llorar; hay muertos que no hacen ruido, Llorona, y es más grande su penar.
Nayeli Nesme, el eclecticismo musical, el dolor, la nostalgia y la conciencia social, la voz lastimera tanto como serena, interpretando a otros poetas y a sí misma. Si al menos este dolor sirviera, si tocase las paredes, si abriera puertas…si al menos este dolor se oyera.
Jaramar Soto, interpretando textos antiguos españoles y mexicanos, desde Netzahualcóyotl hasta Sor Juana Inés de la Cruz. Como una pintura nos iremos borrando, como una flor nos iremos secando, aquí sobre la Tierra, sobre la Tierra… Desde Cri-cri hasta un tango, pasando por rancheras, boleros y hasta norteñas, es la gama de géneros acariciados por la voz dulce o fatal de Eugenia León. Rara, como encendida, la hallé bebiendo, linda y fatal, bebías y en el fragor de tu champán, loca reías por no llorar.
Las opciones musicales son muchas, la promoción poca, los espacios reducidos, las ganas enormes, los obstáculos muchos. Básicamente los espacios son museos, centros culturales, eventos culturales de gobiernos locales y algunos locales propios como La Bodega del Bataclán, El Vicio, etc. Las búsquedas del material discográfico deben hacerse en Opción Sónica, Librerías Ghandi, Del Sótano y hasta Youtube.
En fin, es de agradecerse vivir en estos tiempos de mujeres que, seguras de sí, gritan, cantan, aman y ríen pública y libremente sin pedir permiso para nada. Ojalá que la cosecha de Mexican Divas nunca se acabe.
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